Aversiones alimentarias

Cuando un alimento deja de ser solo un alimento

Llegas a casa después de trabajar. Tu pareja trabaja en una pescadería. El olor está en el aire, aunque no haya cocinado nada. No puedes quedarte —necesitas salir, aunque sea a la calle, hasta que se pase—. Llevas así años, y ya has empezado a pensar si esta relación tiene futuro.

No es que no te guste el pescado. Es que tu cuerpo reacciona como si estuviera en peligro.

A lo mejor a ti te pasa con el ajo en cada restaurante. O con algo que ni siquiera recuerdas por qué empezó. Alimentos distintos, la misma sensación: que algo tan pequeño te limite tanto.

No trabajo para que un alimento te guste. Trabajo para que deje de limitarte.

No prometo que el ajo, el pescado o el tomate se conviertan en tus favoritos. Trabajo para que puedas sentarte en una mesa donde se cocinan, estar en una relación sin que un olor la ponga en riesgo, o ir a un restaurante sin planificarlo con semanas de antelación.

  • Aversiones que ponen en tensión una relación — como no poder estar en la misma habitación que cierto olor.
  • Aversiones ligadas a una experiencia concreta del pasado — un alimento que, sin motivo aparente, provoca rechazo físico.
  • Aversiones que limitan la vida social — no poder compartir mesa con quienes comen algo en concreto, aunque tú no lo pruebes.

Así es como lo trabajo

No hablamos solo del alimento. Buscamos dónde se nota esa aversión en tu cuerpo —esa sensación de rechazo, de que "algo se cierra"— y trabajamos con visualización guiada para que puedas reprocesarla, con los ojos cerrados y en un espacio tranquilo. No forzamos nada: vamos a tu ritmo. El objetivo no es que el alimento te empiece a gustar, sino que tu cuerpo deje de reaccionar como si fuera una amenaza.

No trabajo con trastornos alimentarios diagnosticados ni con casos clínicos — para eso, lo correcto es acompañamiento psicológico, y así te lo diré si es tu caso.

¿Quién soy?

Jonathan Martínez Carballera

No vengo del mundo de la terapia ni de la psicología. Vengo del monte.

Durante más de diez años me dediqué en profundidad al mundo de la trufa. Llegué a vivir una temporada de su venta. Más adelante quise dar el paso a un proyecto de visitas guiadas al campo con perros, charla divulgativa y comida —algo que nunca llegué a llevar a cabo con clientes, solo con amigos—. Cuando ya lo tenía prácticamente definido, me di cuenta de que ya no me apasionaba. Reconocerlo no fue fácil —habían sido diez años reales, no un error del que arrepentirme de golpe—. Pero una vez que me lo dije de verdad, no pude seguir fingiendo que seguía ahí.

Fue una época de cambios. Empecé a cuidarme de verdad —dejé los fritos y los azúcares, me puse a hacer deporte por primera vez en la vida a los 36 años— y, con eso, cambió también mi forma de ver las cosas. Descubrí que lo que de verdad me llenaba era poder ayudar a otras personas a dar un giro parecido al que yo había dado. Buscando cómo hacerlo, llegué a la Metaprogramación Cognitiva, y no me quedé solo en la teoría: quise formarme en profundidad para poder ofrecerlo de verdad.

Y aquí viene la parte que de verdad me conecta con esto: siempre he sido un mal comedor. Toda la vida tuve una aversión muy fuerte al queso, de esas que te hacen esquivar situaciones sin darte cuenta. Probé la técnica que ahora ofrezco, en una sola sesión, sobre mí mismo. No es que el queso me guste ahora —sigue sin gustarme—, pero puedo sentarme en una mesa llena de quesos fuertes y quedarme tranquilo. Eso, para mí, cambió las reglas del juego.

Por eso estoy aquí: no como alguien que estudió esto desde fuera, sino como alguien que lo probó primero en su propia vida.

He completado el Máster en Metaprogramación Cognitiva, un método de gestión emocional que trabaja con visualización guiada para resolver bloqueos que el cuerpo sigue arrastrando. Estoy en fase de integración de este nuevo método de trabajo. El precio, de momento, es reducido.

Tarifa de lanzamiento

Estoy en fase de integración de este nuevo método de trabajo. El precio, de momento, es reducido: 15€ la primera sesión, y 25€ cada sesión adicional si hace falta —normalmente basta con una, como mucho tres—. Este precio subirá más adelante, así que ahora es el momento.

Lo que puedes esperar

  • Una conversación inicial para ver si tu caso encaja.
  • Sesiones de una hora, hasta hora y media, de visualización guiada, en un espacio tranquilo (presencial u online).
  • Transparencia total: sabrás que estoy en fase de lanzamiento, y firmarás un consentimiento antes de empezar.

No es para ti si

  • Estás en tratamiento psicológico o psiquiátrico activo por tu relación con la comida.
  • Tu aversión viene de un trauma reciente y agudo.

Hablemos

Escríbeme y te cuento si tu caso encaja con una sesión.

Este servicio no sustituye la atención psicológica o psiquiátrica profesional. Si tu caso es clínico, te lo diré directamente y te orientaré para buscar el apoyo adecuado.

Cuéntame tu caso

Rellena esto y te contesto personalmente para decirte si tu caso encaja con una sesión (15€ la primera, 25€ cada sesión adicional si hace falta).

Este formulario no sustituye la atención psicológica o psiquiátrica profesional. Si tu caso es clínico, te lo diré directamente y te orientaré para buscar el apoyo adecuado.